13 octubre, 2020 RfM2972@

La pandemia, su gestión y nuestros mayores

Carlos A. Quiñones López sabe bien lo que es la lucha sin cuartel contra la Covid-19. Como enfermero en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de León y delegado de Prevención del Área 1 de León le toca lidiar con una enfermedad que se ha cobrado en lo que va de año la vida de más de 50.000 españoles. Testigo diario de un drama sin precedentes, ha querido compartir su visión personal sobre la pandemia y la gestión de la misma por parte de las autoridades, sin olvidar el trato dispensando a muchos de nuestros mayores. No tiene pelos en la lengua y, sin duda, sus opiniones nos harán pensar a todos. Desde Sublim consideramos esencial todas las vías de comunicación, propiciando aquellos cauces que nos conecten más con la realidad que nos envuelve. Y, por ello, creemos primordial conocer el escenario en el que nos movemos más allá de los datos y las declaraciones.

Quizás no importe quien soy en los tiempos que corren, ni sea el más indicado para escribir, pero el cuerpo me lo pide, mi moral me lo reclama y mi indignación me lo exige. Les diré simplemente que, junto a muchos de mis compañeros sanitarios, lucho frente al SARSCOV-2 en un hospital público.

La enfermedad de la Soledad

Durante estos meses de pandemia, hemos podido comprobar cómo el ser humano puede pasar de la bondad a la maldad, del egoísmo a la solidaridad, del respeto por una enfermedad a la irreverencia más inconsciente, de lo creíble a la falsa credulidad, de la alegría a la tristeza, de la salud a la enfermedad y de la vida a la muerte… del todo a la nada. Nunca olvidaremos algo que este maldito ‘bicho’ provoca: la impotencia de ver morir a tanta gente y, lamentablemente, en su gran mayoría en una fría soledad, sin el cariño de su familia. Si acaso, con suerte, con el único acompañamiento de una enfermera o auxiliar detrás de un EPL, quien le habrá dado la mano al paciente para reconfortarle en esos momentos tan complicados. La enfermedad se llama COVID, pero para la profesión sanitaria es la ‘enfermedad de la soledad’.

Manipulación de los políticos frente a la gestión de la pandemia

Nuestros dirigentes políticos, unos y otros, nos han mentido, han manipulado cifras, no han escuchado a la OMS (Organización Mundial de la Salud), han variado de una forma constante los protocolos de protección y seguridad y han sido timados y estafados por mafias en la compra de tests y EPIS. Ni siquiera han sido capaces de mirar a otros países para poder actuar en sintonía con ellos y, así, mitigar el duro golpe que la pandemia ha propinado a nuestro país. No han hecho caso a Europa y, simplemente, se han preocupado, y perdón por la vulgaridad, de ver quién la tenía más grande. Un error brutal, porque han reventado el sistema público de salud, han diezmado a los profesionales sanitarios, echándoles a los pies de los caballos en una lucha desigual, como David contra Goliat. ¿Nadie se pregunta por qué somos los peores de Europa, con unas cifras estratosféricamente superiores de infectados y muertes frente a los demás países? ¿Nadie se pregunta por qué la sociedad española tolera todo esto?

Presión de los empresarios frente al Covid

Por descontado que el mundo empresarial presiona, porque si no funciona, se arruina. Pero no es menos cierto que hay una cosa más que evidente, guste o no guste escucharla: si no hay salud, hay ruina y muerte. Por eso, mientras estemos inmersos en esta pandemia y no adoptemos medidas severas y estrictas, seguirá habiendo muerte y crisis económica. Así que toca atarse los machos, porque no habrá solución hasta que tengamos una vacuna o un tratamiento eficaz y, por desgracia, no lo veo a corto plazo. No cabe otra solución que convivir con el virus, pero adaptando y cumpliendo unas medidas estrictas que, hoy por hoy, la sociedad española no está dispuesta a cumplir, simple y llanamente por la incompetencia de políticos y la falta más absoluta de responsabilidad de una parte de la población.

Tengo claro que esto nos va a marcar psicológicamente a todos, a unos más que a otros, pero hay algo que me indigna especialmente y que hace que se me remuevan las entrañas: ver como una generación de mayores ha sido mermada. Y no digo que todo esto hubiera sido posible evitarlo, pero sí creo que muchos de nuestros mayores podrían haberse salvado de un trágico final en las residencias.

Las residencias de mayores las más golpeadas por la pandemia

Instituciones y administraciones públicas han mirado hacia otro lado, fomentando el oscuro negocio de las residencias geriátricas durante muchos años, permitiendo la prestación de unos servicios de baja calidad, haciendo la vista gorda con personal no cualificado o poco formado, con personal mal pagado, con ratios personal/residentes muy por debajo de las necesidades y tantas y tantas otras cuestiones.
Todo ello ha supuesto una merma espeluznante en los cuidados y, por ende, un mayor riesgo de que este maldito virus se haya cebado con nuestros ancianos. Sin duda, de aquellos polvos vienen estos lodos. Es fácil preguntarse por qué en las residencias hay tantos brotes y es igual de fácil responderse: negocio de personas sin escrúpulos. Y por último, para remate, llega la casta política y en distintas autonomías toman decisiones que se han revelado no difíciles, sino graves, en relación a la atención de nuestros mayores, confinados en residencias sin derivarlos a centros hospitalarios. En definitiva, rozando el puro abandono, en un acto vil y cobarde.

El Gobierno nos ha abandonado a la suerte de la selección natural

¿Alguien se ha preguntado por qué aún no conocemos la cifra de fallecidos en residencias? El tiempo y los tribunales pondrán a cada uno en su sitio, pero quizás la conciencia no deje dormir a muchos. Cada vez tengo más claro que nuestro Gobierno nos ha abandonado a la suerte de la selección natural y que ha faltado de una manera grave e irrespetuosa a nuestros ancianos, omitiendo el socorro a los mismos.

Nuestros mayores dieron todo por levantar este país en la posguerra y en la transición y, en cambio, se les ha abandonado ante la fría soledad de un virus por el poderoso caballero don dinero. Ojalá valgan estas palabras para que instituciones y administraciones públicas entonen el mea culpa y tomen cartas en el asunto de las residencias geriátricas, modificando leyes, investigando y obligando a sus gestores a ofrecer unos mínimos de calidad por y para el cuidado de las personas mayores. Y, por supuesto, asuman las consecuencias de una mala gestión de la pandemia con respecto a nuestros ancianos.

Respeto por nuestros mayores

Al conjunto de la sociedad española ruego respeto por nuestros mayores. Somos gracias a ellos y sin ellos no seremos nada. Honrarles, respetarles y protegerles debería ser nuestra misión como sociedad. Espero y deseo fervientemente que, después de lo que estamos viviendo, nunca se nos olvide y nos quede grabado a fuego lento en la memoria colectiva. Porque ‘los yayos’ han dado la vida por nosotros, sacrificándose hasta la muerte y de bien nacidos es ser agradecidos. Siempre han de estar en nuestras mentes y corazones.

¡Gracias ‘yayos’ y ‘yayas’ de España!

Carlos A. Quiñones López

Carlos A. Quiñones López es enfermero en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de León y delegado de Prevención del Área 1 de León.

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